El Plan Cali 500+ arrojó una metrica reveladora sobre espacio público efectivo en Cali: 41 barrios sin oferta y 103 con menos de 1 m² por habitante. Con esa premisa puede afirmarse sin lugar a dudas que Cali no sólo enfrenta un déficit de espacio público, enfrenta un problema más profundo: un déficit de gobernanza del territorio. Así lo confirman las cifras más recientes sobre espacio público efectivo, barrios enteros sin oferta y otros donde cada habitante dispone de menos de un metro cuadrado. Este dato no es anecdótico; es una evidencia clara de desigualdad territorial estructural. Y ojo, hablar de espacio público hoy no es hablar de parques aislados, es hablar de derecho a la ciudad, ordenamiento territorial y decisiones públicas que no han logrado materializarse de forma equilibrada en el territorio.
En Cali, la discusión sobre espacio público suele quedarse en promedios. Sin embargo, los promedios esconden lo más importante: la distribución territorial. Mientras algunos sectores cuentan con condiciones relativamente adecuadas, otros enfrentan situaciones críticas pues son barrios sin oferta de espacio público efectivo, y otros con excasamente menos de 1 m² por habitante, lo que implica una ausencia casi total de espacios de encuentro, recreación y vida colectiva. ¿Así cómo vamos a reconciliarnos?
Contradictoriamente, esto ocurre en una ciudad verde, rodeada de montañas y un valle esplendoroso atravesado por 7 rios, que, en promedio, apenas alcanza para 3,2 m² de espacio público efectivo por habitante, muy por debajo de los estándares internacionales que recomiendan alrededor de 15 m². Entonces el problema no es solo cuánto espacio público existe. El problema es dónde está, para quién está y cómo se planificó ¿o no se planificó?
Deberíamos entonces empezar por reclamar espacio público, pues éste no es un elemento accesorio del urbanismo. Es, en palabras de expertos, el “termómetro del bienestar” de una ciudad. Su ausencia o precariedad revela fallas acumuladas en tres niveles: (1) Planeación urbana insuficiente o fragmentada: Gran parte del déficit actual tiene origen en procesos de crecimiento desarticulado, expansión informal y planificación que privilegió la edificación sobre el espacio colectivo. (2) Falta de articulación institucional: Las decisiones sobre suelo, movilidad, vivienda y espacio público no siempre han operado bajo un mismo marco. El resultado:ciudad que crece, pero no se estructura. (3) Desigualdad en la asignación del territorio: Los datos muestran una distribución profundamente desigual del espacio público, donde las zonas con mayor vulnerabilidad social son también las que presentan menor acceso a parques, zonas verdes o plazas.
El déficit de espacio público no es una categoría técnica abstracta. Se traduce en condiciones reales que impacta directamente en niños sin lugares cercanos para el juego, ciudadanos sin espacios seguros para el encuentro, barrios sin infraestructura básica para la vida comunitaria, mayor presión sobre andenes y espacios residuales; y deterioro de la calidad ambiental y social. Recordemos que no todos tienen acceso ni capacidad económica para pagar acciones en clubes privados, mientras que la ciudad es de todos y hace parte de nuestro día a día.
Además, ese déficit está directamente relacionado con otras problemáticas urbanas no menos importantes como la movilidad (ausencia de redes peatonales y de conectividad), la seguridad (menor uso y apropiación del espacio) y la salud pública (menor acceso a actividad física y espacios abiertos lo que conduce a mayor sendentarismo).Por eso, el espacio público no puede tratarse como un proyecto aislado. Es un sistema estructural del territorio. Cali, resultó cayendo en uno de los problemas más repetidos en la planeación urbana:primero se define el desarrollo urbano, y el espacio público queda como residuo. Este enfoque ha sido ampliamente cuestionado en la teoría urbana, pues muchas ciudades primero piensan en el edificio y en el desarrollo inmobiliario, y dejan el espacio público como lo que sobra. Pocos son los desarrolladores preocupados por el entorno.
En Cali esto se refleja en barrios sin parques estructurados, espacios verdes sin diseño ni uso claro, desconexión entre zonas públicas existentes, y dificultades para consolidar redes continuas de espacio público. El resultado no es solo déficit cuantitativo, sino también déficit de calidad y funcionalidad. Esperemos que el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT,) instrumento clave para corregir estas desigualdades, lo haga realidad. Sin embargo, su efectividad dependerá de algo fundamental:
👉 que el espacio público no sea un componente declarativo, sino vinculante.
El POT deberá garantizar:parámetros claros de provisión por habitante, criterios de localización estratégica, integración con movilidad y equipamientos, y priorización de zonas deficitarias. Hoy, la existencia de barrios sin oferta o con menos de 1 m² por habitante evidencia que esa integración no ha sido suficiente o no ha sido operativa. Lo anterior, conduce a otra reflexión, el déficit de espacio público en Cali no es un problema exclusivo del municipio. Es un problema metropolitano. Las dinámicas territoriales —expansión urbana, movilidad, crecimiento poblacional— superan los límites administrativos. Sin embargo, el espacio público sigue siendo planificado mayoritariamente desde lo local, lo que genera fragmentación en la provisión de espacios, descoordinación entre municipios, y ausencia de redes regionales de espacio público. Aquí aparece un punto clave de gobernanza:
👉 sin coordinación intermunicipal, el espacio público nunca será un sistema, sino un conjunto de piezas sueltas.
No se trata únicamente de construir más parques. Implica transformar la manera en que se toman decisiones territoriales. Al menos tres líneas son indispensables: (1) Priorizar el déficit territorial, no el promedio: Las inversiones deben dirigirse primero a los barrios sin oferta o con indicadores críticos. (2) Integrar espacio público, movilidad y estructura urbana.
👉 Un parque aislado no cambia la ciudad; una red conectada sí.
(3) Fortalecer la gobernanza del espacio público: Definir claramente quién decide, cómo se financia, cómo se mantiene y cómo se articula con otros sistemas urbanos.
El dato de los 41 barrios sin oferta y 103 con menos de 1 m² por habitante no es solo una alerta técnica.
Es una señal clara de que la ciudad ha crecido más rápido que su capacidad de organizar el territorio de manera equitativa. El espacio público no es un lujo urbano. Es una condición mínima de dignidad y ciudadanía y como toda condición estructural, no se resuelve con obras aisladas, sino con decisiones coherentes, coordinadas y sostenidas en el tiempo.
👉 En DROIT Consultores trabajamos precisamente donde estas decisiones se cruzan:ordenamiento, gobernanza y ejecución territorial.
Hacer ciudad también es hacerlo al derecho.

