Cada vez que una ciudad enfrenta un conflicto de uso del suelo, la reacción es predecible: revisar el POT. Actualizarlo. Ajustar la norma.
Es el reflejo más común —y el más costoso.
Porque el problema, casi siempre, no está en la norma. Está en cómo se usa la norma para tomar decisiones.
El caso que nadie menciona
Cuando un municipio define las Superficies Limitadoras de Obstáculos (SLO) sin articularlo con el modelo de ocupación del POT vigente, no hay contradicción jurídica formal. Los dos instrumentos conviven. Pero la decisión que se toma sobre ellos —la licencia, el permiso, la actuación urbanística— queda sin soporte técnico real.
No porque la norma falle. Sino porque nadie diseñó el puente entre los dos.
Ese puente es el trabajo que pocas administraciones hacen: integrar los instrumentos antes de decidir, no después de que la decisión ya generó un problema.
Lo que esto significa en la práctica
Un POT puede ser técnicamente sólido y aun así producir decisiones incoherentes si los funcionarios que lo aplican no tienen claridad sobre cómo se relacionan sus componentes entre sí —y con otros marcos normativos que coexisten en el territorio.
El SLO no reemplaza al POT. No lo contradice. Pero si no se entiende su lugar en la cadena de decisión, se convierte en ruido técnico.
Y el ruido técnico, en el territorio, tiene consecuencias físicas.
La pregunta correcta no es «¿qué dice la norma?»
Es: ¿cómo se integra esta norma en la decisión que tengo que tomar hoy?
Esa distinción separa a quienes administran normas de quienes producen decisiones públicas con sentido territorial.
Es también la diferencia entre actualizar el POT —y seguir con los mismos problemas— o construir capacidad institucional para operar con lo que ya existe.
¿Tu municipio tiene instrumentos técnicos que no se hablan entre sí? Es más común de lo que parece —y tiene solución.
En esa misma línea, me dispongo a estudiar el Proyecto de Acuerdo que cursa actualmente ante el Concejo de Cali —sus avances y los riesgos jurídicos que identifico en ejercicio de mi derecho ciudadano. E invito a la sociedad caleña a hacer lo mismo en los temas que consideren de su interés: la participación informada no es un privilegio técnico, es una responsabilidad cívica.

